Fe, dignidad y la urgencia de actuar: por qué los líderes religiosos deben unirse a la lucha mundial contra el trabajo infantil
A pesar de los extraordinarios avances tecnológicos, se estima que 138 millones de niños y niñas siguen en situación de trabajo infantil. Muchos trabajan en campos, fábricas y minas en lugar de estar en la escuela, seguros en sus hogares o, simplemente, siendo niños.
No se trata solo de un fracaso en el ámbito del desarrollo. Es un fracaso moral.
Al margen de la Sexta Conferencia Mundial sobre la Eliminación del Trabajo Infantil de la Organización Internacional del Trabajo, celebrada en Marrakech, el KAICIID, junto con la Misión Permanente del Reino de Marruecos en Ginebra y bajo el patrocinio del Reino de Marruecos, conmemoró la conferencia reuniendo a líderes religiosos y agentes de la fe en torno a un propósito común: el trabajo infantil no es únicamente una cuestión de políticas públicas; es un imperativo moral.
La dignidad humana no es negociable
En todas las tradiciones abrahámicas (el islam, el cristianismo y el judaísmo) el ser humano nunca debe ser tratado como un medio para un fin.
En el islam, la preservación de la vida y de la dignidad es un objetivo fundamental de la ley divina. El profeta Mahoma enseñó que fue enviado para perfeccionar el noble carácter, situando la ética en el corazón de la fe. El Documento de La Meca, promovido por la Liga Musulmana Mundial y respaldado por destacados eruditos, afirma que el cuidado de la infancia, tanto su salud, su educación, como su desarrollo moral, es una responsabilidad primordial de las familias, las instituciones y los Estados. Desde esta perspectiva, el trabajo infantil no es simplemente una dificultad: es una ruptura de una confianza sagrada.
Los líderes cristianos han expresado la misma urgencia, basada en la convicción de que proteger a las personas vulnerables es central en la fe. El judaísmo afirma igualmente que cada niño y niña ha sido creado a imagen de Dios y, por tanto, tiene derecho a la justicia y a la protección.
El mensaje es compartido: la dignidad no es negociable.
De la compasión a la responsabilidad colectiva
Las comunidades religiosas suelen estar entre las primeras en responder cuando los niños y niñas son explotados. En muchos contextos, los becados del Programa de Becas del KAICIID y sus aliados interreligiosos trabajan en las comunidades locales, implicando a imanes, rabinos, sacerdotes y educadores para cuestionar normas perjudiciales, promover la educación y reforzar la concienciación sobre la protección infantil.

Múltiples eruditos y consejos musulmanes han enmarcado cada vez más el trabajo infantil como una vulneración de obligaciones éticas y religiosas. Algunas instituciones, como la Liga Musulmana Mundial, han subrayado que el liderazgo religioso conlleva responsabilidad no solo en la orientación espiritual, sino también en la protección social. Cuando los sermones hablan de dignidad, justicia y misericordia, influyen en las acciones de la comunidad.
También redes católicas, como Talitha Kum, una iniciativa mundial contra la trata presente en 90 países y liderada por mujeres religiosas, trabaja desde 1998 para prevenir la trata transfronteriza, proteger a las personas supervivientes y abordar los factores estructurales, como la pobreza y la falta de acceso a la educación, que empujan a niños y niñas al trabajo forzoso y a la explotación.
Sin embargo, como subrayaron los ponentes durante el diálogo convocado por el KAICIID, la compasión por sí sola no es suficiente. El reto consiste en pasar de la preocupación moral a un compromiso estructurado y sostenido.
Abordar las causas profundas
El trabajo infantil no puede eliminarse sin afrontar sus causas estructurales.
El cambio climático es una de ellas. Cuando la sequía destruye las cosechas o las inundaciones desplazan comunidades, los niños y niñas suelen ser los primeros en abandonar la escuela para ponerse a trabajar. La pobreza, la degradación ambiental y una gobernanza débil se combinan para aumentar la vulnerabilidad y facilitar la explotación.
La responsabilidad empresarial es otra dimensión crítica. El Llamamiento a la Acción de Durban, adoptado en la conferencia anterior de la OIT, subrayó que las cadenas de suministro no deben convertirse en puntos ciegos morales. Líderes religiosos de distintas tradiciones hablan cada vez más de finanzas éticas, inversión responsable y modelos económicos que sitúen el bienestar infantil por encima del beneficio.
En muchos contextos, los líderes religiosos vinculan enseñanzas tradicionales sobre la equidad y la justicia en el comercio con los debates contemporáneos sobre conducta empresarial responsable. No se trata de ideas importadas, sino arraigadas en tradiciones éticas que las comunidades ya reconocen y en las que confían.
El papel del KAICIID: del diálogo a la acción

Lo que hace significativo este momento no es solo lo que dicen los líderes religiosos, sino cómo se les está reuniendo.
El papel del KAICIID como convocante ayuda a transformar el diálogo en cooperación práctica. Al crear espacios en los que altas autoridades religiosas, responsables políticos y organizaciones internacionales pueden interactuar como iguales, los valores compartidos pueden traducirse en enfoques de prevención, compromisos a nivel comunitario y decisiones políticas concretas.
Cuando consejos religiosos, redes globales y actores de base se sientan junto a instituciones como la OIT, la prevención adquiere mayor arraigo local. Las políticas ganan legitimidad moral. Las comunidades asumen la responsabilidad.
La cooperación interreligiosa no es opcional. Es necesaria.
Por qué la Alianza 8.7 debe contar con líderes religiosos
La Alianza 8.7, la alianza mundial para poner fin al trabajo forzoso, la esclavitud moderna y el trabajo infantil, se fortalece mediante una implicación significativa de actores religiosos. Los líderes religiosos influyen en actitudes, decisiones familiares y normas comunitarias. Pueden defender la educación de niñas y niños, cuestionar prácticas explotadoras y promover la solidaridad social. También pueden reforzar los llamamientos a sistemas económicos justos y a una gobernanza responsable.
Pero deben ser incluidos como socios estratégicos, no como meros avales simbólicos.
La lucha contra el trabajo infantil no se ganará únicamente con medidas económicas. Requerirá claridad moral, coherencia política y movilización comunitaria trabajando de forma conjunta.
El modelo de gobernanza del KAICIID, que reúne a Estados miembros y líderes religiosos, demuestra por qué la implicación estructurada entre comunidades religiosas y responsables políticos es esencial para abordar desafíos globales complejos. Ampliar la participación de líderes religiosos en plataformas como la Alianza 8.7 puede ayudar a traducir compromisos éticos compartidos en avances tangibles.
Porque la dignidad de cada niño y niña es sagrada. Proteger esa dignidad no es solo un objetivo político. Es una responsabilidad de fe.
