Líderes religiosos de Nigeria lanzan un Código de Conducta Interreligioso para frenar el discurso de odio

29 Julio 2026
Abuja Peace Conference Launches Interfaith Code of Conduct

Presentado durante un encuentro de gran relevancia, la Conferencia de Paz de Abuya del Foro de Diálogo Interreligioso para la Paz (IDFP, por sus siglas en inglés), que reunió a comunidades religiosas y a líderes cristianos y musulmanes, hizo un llamamiento a impulsar una nueva cultura de comunicación responsable, cooperación práctica y convivencia pacífica de cara a las elecciones de 2027 en Nigeria.

Líderes cristianos y musulmanes de toda Nigeria se reunieron en Abuya para presentar la nueva versión revisada del Código de Conducta Interreligioso (ICoC, por sus siglas en inglés), un marco común diseñado para combatir el discurso de odio y reforzar la convivencia pacífica y la cohesión nacional. La presentación tuvo lugar durante la Conferencia de Paz de Abuya y la VIII Asamblea General del Foro de Diálogo Interreligioso para la Paz (IDFP), bajo el lema «Discurso de odio y violencia: el papel de los actores estatales y no estatales en la construcción de la nación». La conferencia reunió a líderes religiosos, representantes gubernamentales, especialistas en consolidación de la paz, organizaciones de la sociedad civil, periodistas y representantes de mujeres, jóvenes y comunidades locales. El lanzamiento del Código formó parte de un debate más amplio sobre las responsabilidades de los actores estatales y no estatales a la hora de afrontar el discurso de odio y la violencia como amenazas para la paz, la consolidación democrática y la construcción de la nación.

Junto con la presentación oficial del Código, los participantes analizaron el contexto actual de Nigeria y reflexionaron sobre cómo el ICoC puede utilizarse para hacer frente a las narrativas perjudiciales, la división y los riesgos emergentes de conflicto.

 «El Código de Conducta no debe quedarse como un documento olvidado en una estantería. Debe convertirse en un compromiso vivo. Debe influir en nuestras palabras, orientar nuestras acciones y dar forma a nuestro liderazgo.»
Reverendo Abainitus Akila Haman Jr., copresidente del IDFP

El IDFP organizó la Conferencia de Paz de Abuya en colaboración con la Asociación Cristiana de Nigeria (CAN), el Consejo Supremo Nigeriano para Asuntos Islámicos (NSCIA) y el Instituto para la Paz y la Resolución de Conflictos (IPCR), con financiación y apoyo del Centro Internacional Rey Abdullah Bin Abdulaziz para el Diálogo Interreligioso e Intercultural (KAICIID). La conferencia situó una cuestión urgente y fundamental en el centro del debate: ¿qué ocurre cuando las palabras dejan de ser simplemente palabras y se convierten en instrumentos de exclusión, manipulación y violencia?

Cuando las palabras se convierten en armas

A lo largo de la ponencia inaugural, la mesa redonda y las intervenciones de los participantes, surgió un mensaje claro: el discurso de odio no es simplemente un lenguaje ofensivo o imprudente. Puede funcionar como propaganda que normaliza la discriminación, deshumaniza a personas y comunidades, legitima la violencia y debilita gradualmente los vínculos que mantienen unida a una sociedad diversa.

El profesor Abubakar Sadeeque Abba, de la Universidad de Abuya y ponente principal, advirtió de que el discurso de odio se ha convertido en un arma utilizada para obtener ventajas políticas, económicas y sociales. Explicó cómo la elaboración de perfiles étnicos, la intolerancia religiosa, la difamación y los ataques contra comunidades pueden generar desconfianza, enfrentar a distintos grupos y crear las condiciones que hacen posible la violencia.

El riesgo resulta especialmente preocupante a medida que Nigeria se acerca a las elecciones de 2027. Los participantes señalaron que algunos actores políticos que carecen de programas sólidos o de propuestas convincentes pueden recurrir a discursos basados en la etnia, la religión, la región o el género para captar atención y movilizar apoyos. La conferencia hizo un llamamiento para que la competencia política vuelva a centrarse en las políticas públicas, los programas electorales y los servicios a la ciudadanía, y no en la retórica incendiaria, los ataques personales o la incitación.

Las mujeres: las víctimas invisibles del discurso de odio

La mesa redonda también puso el foco en quienes con frecuencia quedan fuera del relato público sobre la violencia política. Khadijah Hawaja Gambo destacó las «víctimas invisibles» que representan las mujeres y las niñas. El daño no comienza ni termina con las agresiones físicas: las narrativas hostiles repetidas refuerzan la discriminación, silencian a las mujeres en la vida pública y consolidan patrones de comportamiento que hacen que la intimidación y la violencia parezcan normales.

Las mujeres que participan en la política, la administración pública o la vida profesional son con frecuencia presentadas como una amenaza y sometidas a campañas de difamación, amenazas y abusos de carácter sexista. Muchos de estos incidentes no se denuncian, se investigan de forma insuficiente o quedan impunes. Se citó el caso de una comisaria de Asuntos de la Mujer que, según se informó, fue asesinada durante una campaña electoral como ejemplo de cómo la violencia contra las mujeres en los espacios políticos puede recibir escasa atención y rendición de cuentas.

Por ello, los participantes reclamaron una mayor protección para las mujeres que participan en política, investigaciones y procesos judiciales más eficaces, así como medidas específicas que garanticen que puedan participar en la gobernanza y en los procesos electorales sin ser castigadas por su visibilidad o liderazgo.

De la verificación reactiva a la prevención proactiva

Una preocupación recurrente fue que las instituciones suelen reaccionar únicamente cuando los contenidos perjudiciales ya se han difundido ampliamente. La verificación de datos sigue siendo esencial, pero los participantes instaron a los medios de comunicación, las instituciones públicas, la sociedad civil y los actores religiosos a pasar de un modelo predominantemente reactivo a una comunicación preventiva: detectar de forma temprana las narrativas divisivas, cuestionar los supuestos que las sustentan y ofrecer alternativas creíbles antes de que el odio se consolide en el discurso público.

También se animó a los medios de comunicación a establecer protocolos de desamplificación. Esto no significa ocultar información relevante, sino informar sobre declaraciones incendiarias aportando contexto, evitando su repetición innecesaria y procurando que las voces provocadoras no dominen el debate público únicamente porque la indignación genera atención. La formación en periodismo para la paz, cobertura sensible a los conflictos e información responsable durante los procesos electorales fue identificada como una prioridad inmediata.

La misma responsabilidad se extiende a los usuarios e influentes de las redes sociales. Los participantes señalaron que algunos actores digitales pueden ser reclutados o remunerados para difundir contenidos polarizadores. Por ello, la conferencia propuso ampliar los mecanismos de rendición de cuentas más allá de los candidatos presidenciales y los líderes de los partidos, incluyendo a equipos de campaña, líderes religiosos y comunitarios, personalidades de los medios de comunicación e influentes digitales.

Convertir los principios compartidos en acciones concretas

El debate dejó clara una idea: el Código debe ir más allá del compromiso simbólico y convertirse en una herramienta práctica para los líderes religiosos, las instituciones y las comunidades. La presentación del ICoC marca un hito importante en el recorrido de Nigeria hacia la consolidación de la paz interreligiosa, pero los participantes insistieron en que este lanzamiento es solo el comienzo. La siguiente fase requerirá difusión, formación, adopción a nivel comunitario y un compromiso sostenido en los ámbitos nacional, estatal y local.

El director general del IPCR, Dr. Joseph Ochogwu, principal revisor del ICoC, describió el Código como una importante herramienta de consolidación de la paz capaz de fomentar un comportamiento público responsable en las comunidades religiosas. Advirtió de que el Código no debe convertirse en un documento reservado a las élites o debatido únicamente en salas de reuniones. Según el Dr. Ochogwu, el texto refuerza valores constitucionales como la justicia, la compasión, la integridad y el respeto mutuo, al tiempo que proporciona orientaciones prácticas para los líderes religiosos tanto en sus intervenciones públicas como privadas.

«El Código de Conducta no debe quedarse como un documento olvidado en una estantería. Debe convertirse en un compromiso vivo. Debe influir en nuestras palabras, orientar nuestras acciones y dar forma a nuestro liderazgo.»
Rev. Abainitus Akila Hamman Jr., copresidente del IDFP

Los participantes pidieron que el Código se difundiera en iglesias, mezquitas, escuelas, instituciones tradicionales, medios de comunicación, plataformas comunitarias y organismos públicos competentes. También recomendaron reforzar los sistemas de alerta temprana y respuesta, implantar protocolos mediáticos para desamplificar el discurso de odio, desarrollar herramientas que permitan a los votantes comparar propuestas políticas, aumentar la protección de las mujeres en la vida pública y ampliar los compromisos de rendición de cuentas de los actores que influyen en los procesos electorales y en el debate público.

Asimismo, identificaron diversas formas de incorporar sus principios a la vida cotidiana, entre ellas mediante sermones, diálogos comunitarios, participación en los medios de comunicación, educación para la paz, comunicación pública e iniciativas lideradas por mujeres y jóvenes.

Desarrollado mediante un proceso interreligioso liderado en Nigeria, el ICoC establece diez valores fundamentales para la colaboración entre cristianos y musulmanes:

  • Amor y respeto mutuos. 
  • Protección de lo sagrado. 
  • Dignidad humana. 
  • Prevención del discurso de odio y la blasfemia. 
  • Resolución pacífica de los conflictos. 
  • Justicia. 
  • Integridad y conducta ética. 
  • Transparencia y rendición de cuentas. 
  • Respeto por la autoridad legítima. 
  • Compasión y empatía. 

El Código servirá de guía para los líderes religiosos en su predicación, sus declaraciones públicas, su relación con los medios de comunicación, su respuesta ante los conflictos y sus interacciones con personas de distintas confesiones y procedencias.

«Para el KAICIID, este momento tiene un profundo significado. Desde la creación del Foro de Diálogo Interreligioso para la Paz en 2015, hemos tenido el privilegio de acompañar a los líderes religiosos de Nigeria en un camino que sigue demostrando que el diálogo es un acto de valentía.»
Embajador António de Almeida-Ribeiro, secretario general en funciones del KAICIID.

Junto con el IDFP y sus socios, el KAICIID seguirá apoyando los esfuerzos para traducir el Código en acciones concretas mediante formación, diálogo comunitario, participación en los medios de comunicación y redes de socios. El objetivo no es únicamente reducir el discurso perjudicial, sino reforzar los hábitos y las instituciones que permitan a los nigerianos discrepar sin deshumanizarse mutuamente y construir un país en el que la diversidad sea protegida como parte de un futuro común.

Sus principios también tienen una aplicación más amplia. Periodistas, organizaciones de la sociedad civil, instituciones públicas, educadores, líderes tradicionales, grupos juveniles, redes de mujeres, profesionales de la consolidación de la paz y organizaciones comunitarias influyen en la forma en que las comunidades religiosas se comprenden e interactúan entre sí.

Para los profesionales de los medios de comunicación, el Código promueve un tratamiento cuidadoso y responsable de las cuestiones religiosas. Anima a periodistas y comentaristas a evitar narrativas perjudiciales, cuestionar los estereotipos y reflexionar sobre cómo su cobertura puede contribuir a reducir o, por el contrario, intensificar las tensiones.

«Este Código habla al corazón de nuestra humanidad compartida. Nos recuerda que toda persona posee dignidad.», añadió un portavoz de la UNESCO que apoyó el lanzamiento.

Los representantes de la UNESCO presentes en el acto también destacaron la importancia del apoyo institucional para garantizar la aplicación efectiva del Código:

«Hemos formado parte de este proceso organizando, en la Casa de las Naciones Unidas en Abuya, un taller que reunió a líderes religiosos para revisar el Código y debatir su aplicación. Seguimos comprometidos a continuar esta colaboración con el IDFP y el KAICIID.»

Descarga aquí el Código de Conducta Interreligioso.

 


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